Una plaza que no excluya: accesibilidad, sostenibilidad y diseño inclusivo en la regeneración de Plaza Italia
Este texto sintetiza el trabajo de investigación elaborado por el arquitecto Eduardo Roberto García Yzaguirre, centrado en la Plaza Italia (Barrios Altos, Centro Histórico de Lima, Perú) como caso de estudio para abordar una pregunta esencial del urbanismo contemporáneo: ¿qué condiciones hacen que un espacio público sea verdaderamente habitable para todas las personas, y no solo transitable para la mayoría?
La investigación parte de una constatación que atraviesa muchas ciudades latinoamericanas: la transformación del espacio público suele priorizar la circulación y el control, mientras relega la experiencia humana —la pausa, el encuentro, el cuidado, la orientación, el descanso— a un plano secundario. Frente a ello, el estudio propone una lectura integral que articula accesibilidad, diseño inclusivo y sostenibilidad urbana, entendiendo que la calidad ambiental y la justicia espacial se verifican en el uso cotidiano y en la autonomía real de quienes lo habitan.
De la plaza como tránsito a la plaza como derecho: tensión urbana y propósito científico
El problema central se expresa como una dialéctica urbana: por un lado, la plaza funciona como infraestructura de paso —un dispositivo de flujo—; por otro, debería operar como espacio de vida pública, capaz de alojar diversidad, seguridad y bienestar. Cuando predomina el tránsito, la plaza tiende a expulsar la permanencia; y cuando la permanencia se vuelve difícil, el espacio público deja de ser universal en la práctica, aunque lo sea en el discurso.
En Plaza Italia, esta tensión se manifiesta en la acumulación de barreras que afectan la accesibilidad y el uso inclusivo del entorno construido. No se trata únicamente de obstáculos físicos: el espacio puede excluir también mediante condiciones sensoriales adversas, baja legibilidad espacial, fricción social o carencias microclimáticas.
Barreras identificadas en el entorno construido
Barreras físicas y funcionales: discontinuidades en la experiencia peatonal, bordes invadidos, mobiliario insuficiente o poco adecuado para distintas edades y capacidades, rutas que no favorecen la autonomía.
Barreras ambientales y de confort: exposición prolongada al sol, superficies duras con alta carga térmica, baja disponibilidad de sombra útil, condiciones que reducen la permanencia y el descanso.
Barreras cognitivas y de legibilidad: fragmentación del espacio, saturación de elementos técnicos y visuales, orientación dificultosa, especialmente para usuarios con mayor demanda de claridad espacial.
Barreras sociales: tensiones entre usos, apropiaciones discontinuas, percepciones de inseguridad que condicionan la permanencia y el tiempo de estancia.
Estas barreras afectan a la población en general, pero se intensifican en personas mayores, niñas y niños, personas con movilidad reducida o discapacidad, cuidadores, y en cualquier persona que necesite descansar, orientarse o desplazarse con seguridad y confort.
Objetivo general
Formular una propuesta de regeneración urbana sostenible para Plaza Italia que mejore la habitabilidad, la accesibilidad y la calidad ambiental urbana, articulando la dimensión patrimonial con el diseño inclusivo y la sostenibilidad.
Objetivos específicos
Caracterizar la configuración espacial y las dinámicas de uso del espacio público, distinguiendo flujos, estancias y puntos críticos de fricción.
Analizar las condiciones ambientales urbanas que inciden en el confort y la permanencia (sombra, radiación, ventilación a escala peatonal), identificando zonas de mayor exposición y vulnerabilidad.
Sistematizar criterios de intervención que integren accesibilidad, legibilidad y bienestar urbano, con compatibilidad patrimonial y enfoque sostenible.
Traducir la evidencia del análisis en lineamientos de diseño con potencial de replicabilidad, orientados a mejorar la experiencia cotidiana de una población diversa.
En su núcleo, el trabajo sostiene una premisa científica y operativa: un espacio público no puede considerarse inclusivo si la autonomía y el bienestar dependen de condiciones excepcionales o de estrategias improvisadas de los usuarios.
Marco conceptual: accesibilidad como infraestructura cívica y sostenibilidad como condición de inclusión
El enfoque teórico integra tres ejes complementarios:
Accesibilidad y diseño inclusivo
Se asume la accesibilidad no como “adaptación”, sino como infraestructura de ciudadanía: continuidad espacial, posibilidad de descanso, seguridad en el desplazamiento, claridad de orientación y condiciones de uso para distintas capacidades.Diseño centrado en las personas
El entorno se evalúa desde la experiencia real: trayectorias, pausas, preferencias, evitaciones, tiempos de estancia. El espacio se vuelve legible cuando responde a las necesidades del cuerpo y de la vida cotidiana, no solo a la geometría del plano.Sostenibilidad urbana y calidad ambiental
La sostenibilidad se expresa en el rendimiento ambiental del espacio público: permeabilidad, infraestructura verde, mitigación térmica, reducción de islas de calor, confort climático. En este marco, lo ambiental no es un “añadido”: es un determinante de equidad, porque afecta más intensamente a quienes tienen menor capacidad de exposición o recuperación.
Enfoque metodológico y estrategia de análisis
El estudio desarrolla un análisis integral combinando observación sistemática del uso del espacio, lectura morfológica del tejido urbano, elaboración de base planimétrica para cuantificación espacial, y simulaciones ambientales orientadas a comprender el desempeño microclimático de la plaza a escala peatonal. Esta convergencia metodológica permite relacionar tres niveles de evidencia:
Evidencia espacial: configuración, bordes, nodos, continuidad, distribución del mobiliario y áreas verdes.
Evidencia social: patrones de tránsito, permanencia, apropiaciones, zonas evitadas, condiciones de seguridad percibida.
Evidencia ambiental: sombra útil, exposición, confort térmico y condiciones que favorecen o restringen el estar.
La fortaleza de esta estrategia reside en su capacidad para vincular la dimensión urbana con la experiencia humana: dónde el espacio habilita autonomía y dónde introduce fricción o exclusión.
Hallazgos clave: cuando el clima, el suelo y el mobiliario deciden quién se queda
La investigación identifica resultados que permiten comprender por qué ciertos espacios públicos “dejan de ser de todos” sin necesidad de prohibiciones explícitas: basta con que la forma urbana y el ambiente construyan barreras.
1) Impermeabilización y pérdida de soporte ecológico
La plaza presenta un predominio de superficies duras y una proporción reducida de áreas verdes. Esta condición incrementa la carga térmica y reduce la capacidad del lugar para ofrecer bienestar climático, afectando especialmente a población vulnerable.
2) Sombra útil como variable decisiva de inclusión
La disponibilidad de sombra no opera como cualidad estética, sino como infraestructura de permanencia: allí donde hay sombra se concentra el estar; donde no la hay, se acelera el tránsito. La falta de dispositivos ambientales —naturales o artificiales— transforma el espacio en un medio hostil para la pausa, el cuidado y el encuentro.
3) Predominio de rutas de paso sobre espacios de estancia
Se observa una configuración que favorece recorridos rápidos y cruces eficientes, pero no necesariamente la permanencia. La plaza funciona como conector urbano más que como “sala pública”, debilitando su rol cívico.
4) Mobiliario y bordes que no reconocen diversidad de cuerpos
El mobiliario insuficiente o no adaptado obliga a soluciones informales: sentarse en bordes, escalones o superficies no diseñadas para ello. Esta “invención cotidiana” revela una demanda real de descanso y soporte, y a la vez evidencia un déficit de diseño inclusivo.
5) Legibilidad fragmentada y orientación dificultosa
La saturación de elementos técnicos y la fragmentación del espacio reducen la claridad de lectura, dificultando la orientación, la seguridad percibida y la autonomía, especialmente para usuarios que requieren ambientes de mayor predictibilidad.
Aportes para la mejora de la calidad de vida: criterios de diseño inclusivo con base ambiental
El valor principal del trabajo es convertir hallazgos en criterios de intervención orientados a elevar la calidad de vida urbana desde accesibilidad, inclusión y sostenibilidad. Entre los aportes más relevantes:
Continuidad peatonal accesible: rutas claras, sin fricciones, con jerarquía legible y condiciones para desplazamiento seguro.
Infraestructura de descanso y cuidado: mobiliario diverso y distribuido estratégicamente, considerando edades, capacidades y tiempos de permanencia.
Sombra y mitigación térmica como prioridad de diseño: integración de infraestructura verde y dispositivos de protección climática para reducir exposición, estrés térmico y fatiga.
Legibilidad espacial y orientación: organización del espacio por nodos reconocibles, recorridos coherentes y señalética integrada, minimizando ruido visual.
Compatibilidad patrimonial con habitabilidad contemporánea: intervención que respeta el entorno histórico sin sacrificar el bienestar cotidiano, entendiendo que conservar también implica mantener la plaza viva y usable.
Un aspecto aplicable y replicable es la estructuración del diagnóstico en una lógica operativa: hallazgo → implicancia urbana → criterio de diseño, facilitando que distintos actores (arquitectos, urbanistas, autoridades, comunidades) conviertan evidencia en decisiones espaciales verificables.
Aplicabilidad: de un caso patrimonial a un método replicable
Aunque el caso de estudio es Plaza Italia, el aporte del trabajo es generalizable porque no depende de una forma única, sino de un sistema de criterios y una estrategia de evaluación:
puede aplicarse a plazas, parques, alamedas y espacios patrimoniales;
permite adaptar soluciones a distintos climas y realidades socioeconómicas;
favorece intervenciones por fases, desde microacciones (sombra, mobiliario, continuidad) hasta transformaciones más amplias (infraestructura verde, permeabilidad, reorganización de bordes y flujos).
En términos prácticos, el enfoque sostiene que la inclusión no se logra con un gesto aislado, sino con una articulación coherente entre accesibilidad, calidad ambiental, legibilidad, seguridad urbana y dignidad de uso.
Conclusión: diseñar para el cuerpo real, no para el usuario abstracto
Una plaza se vuelve inclusiva cuando deja de exigir resistencia para poder usarse. Cuando el sol, el calor, la falta de descanso, la confusión espacial o la inseguridad condicionan quién puede permanecer, el espacio público se transforma en un filtro silencioso: no prohíbe, pero excluye.
Este trabajo de investigación propone, desde la evidencia, una convicción: la accesibilidad no es una sección del proyecto, sino su ética; y la sostenibilidad no es un discurso paralelo, sino una condición material para que la inclusión sea posible. Regenerar Plaza Italia, entonces, no es solo ordenar un vacío urbano: es reconstruir la posibilidad de estar, orientarse, descansar, encontrarse y habitar con autonomía, en un lugar que vuelva a ser de todas las personas.


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